miércoles, 5 de diciembre de 2007

Falla de seguridad provocó la explosión en la Universidad

El jefe de Bomberos Voluntarios de Río Cuarto sostuvo que es clave preguntarse qué hacían en el laboratorio unos tambores con gas hexano, elemento altamente volátil e inflamable. Hay al menos 14 heridos, algunos con la mitad de su cuerpo quemado

La explosión ocurrida esta mañana en la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Río Cuarto, que dejó 14 heridos, se debió a "una falla de seguridad" en el lugar, consideró el jefe de los Bomberos Voluntarios de esa ciudad del sur cordobés.

"La Universidad tiene mecanismos de seguridad pero algo falló", manifestó a Telediario de Canal 13 de Río IV, el jefe de Bomberos Voluntarios Javier De Olmos.

"Hay que preguntarse por qué estaban los tambores allí; hubo una falla en la seguridad", sostuvo tras encabezar el trabajo asistencial en el siniestro ocurrido en la Universidad Nacional de Río Cuarto.

De Olmos confirmó que varias personas se arrojaron al vacío desde los pisos superiores para salvar su vida. "Cuando llegamos algunos de los tambores habían estallado y otros estaban a punto de explotar", relató.

"Los tambores estaban ubicados en un sector lateral por el ingreso al laboratorio, sobre el lado derecho. Ahora hay que determinar como se produjo el incendio, que lo motivó", agregó el bombero.

El jefe de Bomberos aseguró que "hay que preguntarse por qué estaban esos tambores allí". "El hexano se utiliza para el biodiesel, pero todavía no tenemos explicaciones muy claras sobre como se utilizaban. El trabajo de investigación estaba vinculado a la Aceitera General Deheza", subrayó.

Por su parte, un estudiante de esa universidad afirmó que las explosiones comenzaron luego de la caída desde una grúa elevadora de un tacho con gas hexano, cuyo contenido se desparramó. Así lo aseguró en declaraciones periodísticas el estudiante de microbiología Dean Fernández, al referirse al siniestro que alteró a la comunidad universitaria y a la población en general en la segunda ciudad de la provincia, distante a 226 kilómetros de Córdoba.

El investigador aseguró que en el predio había entre 12 y 15 "tachos de hexano, desde hace 20 días". "Uno de los tambores (de unos 200 litros) se rompe cuando lo levantan con una grúa, y se cae. Se derrama y como es altamente volátil e inflamable comienza la explosión en cadena", explicó.

"Por suerte estaba la puerta grande abierta y muchos salieron por ahí", dijo Fernández, quien trabaja en la otra punta del galpón donde ocurrió el siniestro. En tanto, las autoridades de la Facultad, dicen que no estaba autorizado el depósito de hexano.

El juez subrogante de Río IV Oscar Valentinuzzi visitó la Universidad para conocer sobre lo ocurrido tras las explosiones. "Ha sido grave pero pudo tener consecuencias impredecibles", destacó.

El funcionario judicial señaló que la Policía Federal y el Juzgado tomaron intervención para determinar las causas y las medidas de seguridad.

"Queremos saber como se generó la situación. Lo que podemos saber es que funcionaron las salidas de emergencia", indicó.

En tanto, alumnos y docentes manifestaron que el incidente fue producto de negligencia, falta de seguridad en el lugar y fallas en los controles. "La conducción de la Universidad conocía sobre los riesgos, se los alertó sobre lo que podía pasar pero no nos cuidaron", expresó uno de los alumnos al noticiero Telediario.

"Hubo imprudencia desde que llegó el primer tacho de exano al lugar. Esto tiene que estar al aire libre, con ventilación suficiente. Era una bomba de tiempo. No debió estar acá", destacó Fernández, que trabajaba en el lugar.

El hexano es un líquido incoloro, fácilmente inflamable y con un olor característico a disolvente. No se mezcla con el agua pero se combina bien con los disolventes orgánicos apolares como el alcohol, el éter o el benceno.

lunes, 3 de diciembre de 2007

Un fuerte temblor sacudió la siesta tucumana y santiagueña.

VIBRO LA TIERRA


El movimiento telúrico se originó en la zona de Los Puestos, a 70 kilómetros de la capital tucumana, cerca del límite con Santiago del Estero. No hubo daños materiales ni víctimas. Alcanzó una magnitud de 4,1 Richter. Según un experto, la ciudad no está preparada para soportar un terremoto.

Fueron unos pocos segundos. Tan pocos que no dejaron mucho tiempo para reaccionar. Después del temblor, quedaron, eso sí, las caras mudas y los ojos muy abiertos. “Primero tembló un poco el piso; parecía que había pasado un camión muy pesado y después un ¡bum!, como un golpe”, comentó una lectora de LA GACETA.
El movimiento sísmico se registró a las 14.49, y a muchos los encontró en plena sobremesa o durmiendo la siesta. El epicentro se ubicó a 70 kilómetros al sudeste de la capital tucumana, en la zona de Los Puestos, cerca de la frontera con Santiago del Estero. Se lo sintió con especial intensidad en San Miguel de Tucumán y en Las Termas de Río Hondo.
Si bien el sacudón provocó un gran susto, sobre todo entre los residentes en los pisos altos de los edificios céntricos, no causó daños ni víctimas, de acuerdo con los relevamientos realizados por la Dirección de Defensa Civil de la Provincia. Fernando Torres, titular de esa repartición, informó que se recabaron datos en el sur, en el norte y en el este de Tucumán. “No se reportaron problemas en ninguna localidad de la provincia”, dijo.
Según datos del Instituto de Prevención Sísmica de San Juan (Inpres), el temblor se produjo a una profundidad de 118 kilómetros. Registró una magnitud de 4,1 en la escala de Richter (la medición “objetiva” del movimiento sísmico, con instrumentos especiales), y una intensidad de grado III en la escala de Mercalli Modificada.
Esta última medición no se basa en los registros sismográficos sino en el efecto o daño producido en las estructuras y en la sensación percibida por la gente. Como se explica en el sitio del Servicio Sismológico de Mendoza, un sismo de grado III es una sacudida que se siente en el interior de las viviendas, especialmente en los pisos altos de los edificios. Incluso, muchas personas pueden no asociarlo con un temblor sino con la vibración originada por el paso de un vehículo pesado.
“Un sismo se produce por la liberación de energía a varios kiómetros bajo la corteza terrestre porque se reacomodan grandes masas de magma”, explicó el geólogo Juan Carlos Valoy. “Se produce un desplazamiento elástico del suelo porque la energía se expande en ondas, como cuando se tira una piedra al agua”, dijo.
El tren de ondas se percibe como un movimiento vertical cuanto más cercano está el epicentro. Al alejarse, las ondas se disipan y el movimiento se siente más atenuado y horizontal, explicó Valoy. Indicó además que Tucumán se encuentra en una zona sísmica de nivel II (las provincias de Cuyo tienen un nivel IV). “Eso quiere decir que, estadísticamente, lo máximo que puede producirse es un sismo de nivel 6 en la escala de Richter (de moderado a fuerte) cada 100 años”, señaló.
Pero la peligrosidad de un sismo no depende sólo de su magnitud, sino también de la vulnerabilidad de la zona. “Las construcciones, en Tucumán, se calculan para que afronten sismos de 6 o de 7 en la escala Richter, así que ese no es un problema”, indicó Valoy.
Lo que sí puede llegar a serlo es que la ciudad no está preparada para soportar un terremoto, y tampoco la población. “Las veredas son angostas, hay demasiados espacios vidriados, muchos cables aéreos y gasoductos viejos”, según Valoy. Además, dijo, debería concientizarse a la gente acerca de cómo actuar ante un terremoto.