Fueron unos pocos segundos. Tan pocos que no dejaron mucho tiempo para reaccionar. Después del temblor, quedaron, eso sí, las caras mudas y los ojos muy abiertos. “Primero tembló un poco el piso; parecía que había pasado un camión muy pesado y después un ¡bum!, como un golpe”, comentó una lectora de LA GACETA.
El movimiento sísmico se registró a las 14.49, y a muchos los encontró en plena sobremesa o durmiendo la siesta. El epicentro se ubicó a 70 kilómetros al sudeste de la capital tucumana, en la zona de Los Puestos, cerca de la frontera con Santiago del Estero. Se lo sintió con especial intensidad en San Miguel de Tucumán y en Las Termas de Río Hondo.
Si bien el sacudón provocó un gran susto, sobre todo entre los residentes en los pisos altos de los edificios céntricos, no causó daños ni víctimas, de acuerdo con los relevamientos realizados por la Dirección de Defensa Civil de la Provincia. Fernando Torres, titular de esa repartición, informó que se recabaron datos en el sur, en el norte y en el este de Tucumán. “No se reportaron problemas en ninguna localidad de la provincia”, dijo.
Según datos del Instituto de Prevención Sísmica de San Juan (Inpres), el temblor se produjo a una profundidad de 118 kilómetros. Registró una magnitud de 4,1 en la escala de Richter (la medición “objetiva” del movimiento sísmico, con instrumentos especiales), y una intensidad de grado III en la escala de Mercalli Modificada.
Esta última medición no se basa en los registros sismográficos sino en el efecto o daño producido en las estructuras y en la sensación percibida por la gente. Como se explica en el sitio del Servicio Sismológico de Mendoza, un sismo de grado III es una sacudida que se siente en el interior de las viviendas, especialmente en los pisos altos de los edificios. Incluso, muchas personas pueden no asociarlo con un temblor sino con la vibración originada por el paso de un vehículo pesado.
“Un sismo se produce por la liberación de energía a varios kiómetros bajo la corteza terrestre porque se reacomodan grandes masas de magma”, explicó el geólogo Juan Carlos Valoy. “Se produce un desplazamiento elástico del suelo porque la energía se expande en ondas, como cuando se tira una piedra al agua”, dijo.
El tren de ondas se percibe como un movimiento vertical cuanto más cercano está el epicentro. Al alejarse, las ondas se disipan y el movimiento se siente más atenuado y horizontal, explicó Valoy. Indicó además que Tucumán se encuentra en una zona sísmica de nivel II (las provincias de Cuyo tienen un nivel IV). “Eso quiere decir que, estadísticamente, lo máximo que puede producirse es un sismo de nivel 6 en la escala de Richter (de moderado a fuerte) cada 100 años”, señaló.
Pero la peligrosidad de un sismo no depende sólo de su magnitud, sino también de la vulnerabilidad de la zona. “Las construcciones, en Tucumán, se calculan para que afronten sismos de 6 o de 7 en la escala Richter, así que ese no es un problema”, indicó Valoy.
Lo que sí puede llegar a serlo es que la ciudad no está preparada para soportar un terremoto, y tampoco la población. “Las veredas son angostas, hay demasiados espacios vidriados, muchos cables aéreos y gasoductos viejos”, según Valoy. Además, dijo, debería concientizarse a la gente acerca de cómo actuar ante un terremoto.
lunes, 3 de diciembre de 2007
Un fuerte temblor sacudió la siesta tucumana y santiagueña.
VIBRO LA TIERRA
El movimiento telúrico se originó en la zona de Los Puestos, a 70 kilómetros de la capital tucumana, cerca del límite con Santiago del Estero. No hubo daños materiales ni víctimas. Alcanzó una magnitud de 4,1 Richter. Según un experto, la ciudad no está preparada para soportar un terremoto.
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